Mayo 20, 2019
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Daniel Capítulo 4

1  
Nabucodonosor rey, a todos los pueblos, naciones, y lenguas, que moran en toda la tierra: Paz os sea multiplicada:
2  
Las se√Īales y milagros que el alto Dios ha hecho conmigo, conviene que yo las publique.
3  
¬°Cu√°n grandes son sus se√Īales, y cu√°n potentes sus maravillas! Su Reino, Reino sempiterno, y su se√Īor√≠o hasta generaci√≥n y generaci√≥n.
4  
Yo Nabucodonosor estaba quieto en mi casa, y floreciente en mi palacio.
5  
Vi un sue√Īo que me espant√≥, y las imaginaciones y visiones de mi cabeza me turbaron en mi cama.
6  
Por lo cual yo puse mandamiento para hacer venir delante de m√≠ todos los sabios de Babilonia, que me mostrasen la declaraci√≥n del sue√Īo.
7  
Y vinieron magos, astr√≥logos, caldeos, y adivinos; y dije el sue√Īo delante de ellos, mas nunca me mostraron su declaraci√≥n;
8  
hasta tanto que entr√≥ delante de m√≠ Daniel, cuyo nombre es Beltasar, que cuando lo nombro me parece que nombro a mi dios, y en el cual hay esp√≠ritu de los √°ngeles santos de Dios, y dije el sue√Īo delante de √©l, diciendo:
9  
Beltasar, pr√≠ncipe de los sabios, ya que he entendido que hay en ti esp√≠ritu de los √°ngeles santos de Dios, y que ning√ļn misterio se te esconde, dime las visiones de mi sue√Īo que he visto, y su declaraci√≥n.
10  
Las visiones de mi cabeza en mi cama eran: Me parecía que veía un árbol en medio de la tierra, cuya altura era grande.
11  
Crecía este árbol, y se hacía fuerte, y su altura llegaba hasta el cielo, y su vista hasta el cabo de toda la tierra.
12  
Su copa era hermosa, y su fruto en abundancia, y para todos había en él mantenimiento. Debajo de él se ponían a la sombra las bestias del campo, y en sus ramas hacían morada las aves del cielo, y toda carne se mantenía de él.
13  
Veía en las visiones de mi cabeza en mi cama, y he aquí que un centinela y santo descendía del cielo.
14  
Y clamaba fuertemente y decía así: Cortad el árbol, y desmochad sus ramas, derribad su copa, y derramad su fruto; váyanse las bestias que están debajo de él, y las aves de sus ramas.
15  
Mas el tronco de sus raíces dejaréis en la tierra, y con atadura de hierro y de bronce quede atado en la hierba del campo; y sea mojado con el rocío del cielo, y su parte sea con las bestias en la hierba de la tierra.
16  
Su corazón sea mudado de corazón de hombre, y le sea dado corazón de bestia, y pasen sobre él siete tiempos.
17  
Por sentencia de los centinelas se acuerda el negocio, y por dicho de los santos la demanda: para que conozcan los vivientes que el Alt√≠simo se ense√Īorea del reino de los hombres, y que a quien √©l quiere lo da, y constituye sobre √©l al m√°s bajo de los hombres.
18  
Yo el rey Nabucodonosor vi este sue√Īo. T√ļ pues, Beltasar, dir√°s la declaraci√≥n de √©l, porque todos los sabios de mi reino nunca pudieron mostrarme su interpretaci√≥n; mas t√ļ puedes, porque hay en ti esp√≠ritu de los √°ngeles santos de Dios.
19  
Entonces Daniel, cuyo nombre era Beltasar, estuvo callando casi una hora, y sus pensamientos lo espantaban. El rey entonces habl√≥, y dijo: Beltasar, el sue√Īo ni su declaraci√≥n te espanten. Respondi√≥ Beltasar, y dijo: Se√Īor m√≠o, el sue√Īo sea para tus enemigos, y su declaraci√≥n para los que mal te quieren.
20  
El árbol que viste, que crecía y se hacía fuerte, y que su altura llegaba hasta el cielo, y su vista por toda la tierra;
21  
y cuya copa era hermosa, y su fruto en abundancia, y que para todos había mantenimiento en él; debajo del cual moraban las bestias del campo, y en sus ramas habitaban las aves del cielo,
22  
t√ļ mismo eres, oh rey, que creciste, y te hiciste fuerte, pues creci√≥ tu grandeza, y ha llegado hasta el cielo, y tu se√Īor√≠o hasta el cabo de la tierra.
23  
Y en cuanto a lo que vio el rey, un centinela y santo que descendía del cielo, y decía: Cortad el árbol y destruidlo; mas el tronco de sus raíces dejaréis en la tierra, y con atadura de hierro y de bronce quede atado en la hierba del campo; y sea mojado con el rocío del cielo, y su parte sea con las bestias del campo, hasta que pasen sobre él siete tiempos:
24  
Esta es la declaraci√≥n, oh rey, y la sentencia del Alt√≠simo, que ha venido sobre el rey mi se√Īor:
25  
que te echar√°n de entre los hombres, y con las bestias del campo ser√° tu morada, y con hierba del campo te apacentar√°n como a los bueyes, y con roc√≠o del cielo ser√°s ba√Īado; y siete tiempos pasar√°n sobre ti, hasta que entiendas que el Alt√≠simo se ense√Īorea del reino de los hombres, y que a quien √©l quisiere lo dar√°.
26  
Y lo que dijeron, que dejasen en la tierra el tronco de las ra√≠ces del mismo √°rbol; tu reino se te quedar√° firme, para que entiendas que el se√Īor√≠o es en los cielos.
27  
Por tanto, oh rey, aprueba mi consejo, y redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades con misericordias de los pobres: he aquí la medicina de tu pecado.
28  
Todo vino sobre el rey Nabucodonosor.
29  
Al cabo de doce meses, and√°ndose paseando sobre el palacio del reino de Babilonia,
30  
habl√≥ el rey, y dijo: ¬ŅNo es √©sta la gran Babilonia, que yo edifiqu√© para casa del reino, con la fuerza de mi fortaleza, y para gloria de mi grandeza?
31  
A√ļn estaba la palabra en la boca del rey, cuando cae una voz del cielo: A ti dicen, rey Nabucodonosor; El reino es traspasado de ti;
32  
y de entre los hombres te echan, y con las bestias del campo ser√° tu morada, y como a los bueyes te apacentar√°n; y siete tiempos pasar√°n sobre ti, hasta que conozcas que el Alt√≠simo se ense√Īorea en el reino de los hombres, y a quien √©l quisiere lo dar√°.
33  
En la misma hora se cumpli√≥ la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y com√≠a hierba como los bueyes, y su cuerpo se ba√Īaba con el roc√≠o del cielo, hasta que su pelo creci√≥ como de √°guila, y sus u√Īas como de aves.
34  
Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alc√© mis ojos al cielo, y mi sentido me fue vuelto; y bendije al Alt√≠simo, y alab√© y glorifiqu√© al que vive para siempre; porque su se√Īor√≠o es sempiterno, y su Reino por todas las edades.
35  
Y todos los moradores de la tierra por nada son contados; y en el ej√©rcito del cielo, y en los moradores de la tierra, hace seg√ļn su voluntad: ni hay quien estorbe con su mano, y le diga: ¬ŅQu√© haces?
36  
En el mismo tiempo mi sentido me fue vuelto, y torn√© a la majestad de mi reino; mi dignidad y mi grandeza volvieron a m√≠, y mis gobernadores y mis grandes me buscaron; y fui restituido en mi reino, y mayor grandeza me fue a√Īadida.
37  
Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdad, y sus caminos juicio; y a los que andan con soberbia, puede humillar.
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