Mayo 20, 2019
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Daniel Capítulo 3

1  
El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, la altura de la cual era de sesenta codos, su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.
2  
Y envió el rey Nabucodonosor a juntar los grandes, los asistentes y capitanes, oidores, receptores, los del concejo, presidentes, y a todos los gobernadores de las provincias, para que viniesen a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado.
3  
Fueron, pues, reunidos los grandes, los asistentes y capitanes, los oidores, receptores, los del concejo, los presidentes, y todos los gobernadores de las provincias, a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado; y estaban en pie delante de la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor.
4  
Y el pregonero pregonaba en alta voz: M√°ndase a vosotros, oh pueblos, naciones, y lenguas,
5  
al o√≠r el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampo√Īa, y de todo instrumento musical, os postrar√©is y adorar√©is la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado:
6  
y cualquiera que no se postrare y la adorare, en la misma hora ser√° echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
7  
Por lo cual, al o√≠r todos los pueblos el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampo√Īa, y de todo instrumento m√ļsico, todos los pueblos, naciones, y lenguas, se postraron, y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor hab√≠a levantado.
8  
Por esto en el mismo tiempo algunos varones caldeos se llegaron, y denunciaron de los judíos.
9  
Hablando y diciendo al rey Nabucodonosor: rey, para siempre vive.
10  
T√ļ, oh rey, pusiste ley que todo hombre al o√≠r el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampo√Īa, y de todo instrumento musical, se postrase y adorase la estatua de oro:
11  
y el que no se postrase y la adorase, fuese echado dentro del horno de fuego ardiendo.
12  
Hay unos varones jud√≠os, los cuales t√ļ pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia; Sadrac, Mesac, y Abed-nego; estos varones, oh rey, no han hecho cuenta de ti; no adoran tus dioses, no adoran la estatua de oro que t√ļ levantaste.
13  
Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen a Sadrac, Mesac, y Abed-nego. Luego fueron traídos estos varones delante del rey.
14  
Habl√≥ Nabucodonosor, y les dijo: ¬ŅEs verdad Sadrac, Mesac, y Abed-nego, que vosotros no honr√°is a mi dios, ni ador√°is la estatua de oro que yo levant√©?
15  
Ahora, pues, ¬Ņest√°is prestos para que oyendo el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampo√Īa, y de todo instrumento de m√ļsica, os postr√©is, y ador√©is la estatua que yo hice? Porque si no la adorareis, en la misma hora ser√©is echados en medio del horno de fuego ardiendo; ¬Ņy qu√© dios ser√° aquel que os libre de mis manos?
16  
Sadrac, Mesac, y Abed-nego respondieron y dijeron al rey Nabucodonosor: no cuidamos de responderte sobre este negocio.
17  
He aquí, nuestro Dios a quien honramos, puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.
18  
Y si no, sepas, oh rey, que a tu dios no adoraremos, y la estatua que t√ļ levantaste, no honraremos.
19  
Entonces Nabucodonosor fue lleno de ira, y se demudó la figura de su rostro sobre Sadrac, Mesac, y Abed-nego; habló, y mandó que el horno se encendiese siete veces más de lo que cada vez solía.
20  
Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen a Sadrac, Mesac, y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo.
21  
Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, y sus calzas, y sus turbantes, y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo.
22  
Porque la palabra del rey daba prisa, y había procurado que se encendiese mucho, la llama del fuego mató a aquellos hombres que habían alzado a Sadrac, Mesac, y Abed-nego.
23  
Y estos tres varones, Sadrac, Mesac, y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo.
24  
Entonces Nabucodonosor se espant√≥, y se levant√≥ aprisa, y habl√≥, y dijo a los de su consejo: ¬ŅNo echamos tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron y dijeron al rey: Es verdad, oh rey.
25  
Respondi√≥ √©l y dijo: He aqu√≠ que yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego, y ning√ļn da√Īo hay en ellos; y el parecer del cuarto es semejante a hijo de Dios.
26  
Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y habló y dijo: Sadrac, Mesac, y Abed-nego, siervos del alto Dios, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac, y Abed-nego, salieron de en medio del fuego.
27  
Y se juntaron los grandes, los gobernadores, y los capitanes, y los del consejo del rey, para mirar a estos varones, c√≥mo el fuego no se ense√Īore√≥ de sus cuerpos, ni el cabello de sus cabezas fue quemado, ni sus ropas se mudaron, ni olor de fuego pas√≥ por ello.
28  
Nabucodonosor habló y dijo: Bendito el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac, y Abed-nego, que envió su ángel, y libró a sus siervos que esperaron en él, y el mandamiento del rey mudaron, y entregaron sus cuerpos antes que sirviesen ni adorasen otro dios que su Dios.
29  
Por mí, pues, se pone decreto, que todo pueblo, nación, o lengua, que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac, y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa sea puesta por muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste.
30  
Entonces el rey ennobleció a Sadrac, Mesac, y Abed-nego en la provincia de Babilonia.
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