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Sagradas Escrituras Versión Antigua 1569
 
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Mateo Capítulo 22

1  
Y respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo:
2  
El Reino de los cielos es semejante a un hombre rey, que hizo fiesta de bodas a su hijo;
3  
y envió sus siervos para que llamasen los invitados a las bodas; pero no quisieron venir.
4  
Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los llamados: He aquí, mi comida he aparejado, mis toros y animales engordados son muertos, y todo está preparado: venid a las bodas.
5  
Mas ellos sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza y otro a sus negocios.
6  
Y otros, tomando a sus siervos, los afrentaron y los mataron.
7  
Y el rey, oyendo esto, se enojó y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y puso fuego a su ciudad.
8  
Entonces dice a sus siervos: Las bodas a la verdad están aparejadas, mas los que eran llamados no eran dignos.
9  
Id pues a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos hallareis.
10  
Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.
11  
Y entró el rey para ver los convidados, y vio allí un hombre no vestido de vestido de boda.
12  
Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí no teniendo vestido de boda? Y a él se le cerró la boca.
13  
Entonces el rey dijo a los que servían: Atado de pies y de manos tomadle, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
14  
Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.
15  
Entonces, idos los fariseos, consultaron cómo le tomarían en alguna palabra.
16  
Y envían a él los discípulos de ellos, con los de Herodes, diciendo: Maestro, sabemos que eres amador de verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te curas de nadie, porque no tienes acepción de persona de hombres.
17  
Dinos pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no?
18  
Mas Jesús, entendida su malicia, les dice: ¿Por qué me tentáis, hipócritas?
19  
Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron una moneda.
20  
Entonces les dice: ¿De quién es esta figura, y lo que está encima escrito?
21  
Ellos le dicen: De César. Y les dijo: Pagad pues a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.
22  
Y oyendo esto, se maravillaron, y dejándole se fueron.
23  
Aquel día llegaron a él los saduceos, que dicen no haber resurrección, y le preguntaron,
24  
diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se case con su mujer, y despertará simiente a su hermano.
25  
Hubo pues, entre nosotros siete hermanos; y el primero tomó mujer, y murió; y no teniendo generación, dejó su mujer a su hermano.
26  
De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta los siete.
27  
Y después de todos murió también la mujer.
28  
En la resurrección pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer? Porque todos la tuvieron.
29  
Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis ignorando las Escrituras, y la potencia de Dios.
30  
Porque en la resurrección, ni maridos tomarán mujeres, ni las mujeres maridos; porque son como los ángeles de Dios en el cielo.
31  
Y de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que es dicho de Dios a vosotros, que dice:
32  
Yo Soy el Dios de Abraham y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de los muertos, sino de los que viven.
33  
Y oyendo esto la multitud, estaba fuera de sí por su doctrina.
34  
Entonces los fariseos, oyendo que había cerrado la boca a los saduceos, se juntaron a una.
35  
Y preguntó uno de ellos, intérprete de la ley, tentándolo y diciendo:
36  
Maestro, ¿cuál es el Mandamiento Grande en la ley?
37  
Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón y de toda tu alma y de toda tu mente.
38  
Este es el Primero y el Grande Mandamiento.
39  
Y el Segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
40  
De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.
41  
Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó,
42  
diciendo: ¿Qué os parece del Cristo? ¿De quién es Hijo? Le dicen ellos: De David.
43  
El les dice: ¿Pues cómo David en Espíritu lo llama Señor, diciendo:
44  
Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra y entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies?
45  
Pues si David lo llama Señor, ¿cómo es su Hijo?
46  
Y nadie le podía responder palabra. Ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.
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