Julio 28, 2017
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La Tercera Palabra - La Palabra Del Amor Filial

 
 

Josué Mora Peña

Aun estando en agonía, Cristo piensa en su madre. La encomienda al cuidado del discípulo amado, Juan. ¿Y sus hermanos, Jacobo, José, Judas (no el Iscariote) y Simón, dónde estaban? ¿Qué de sus hermanas? En Marcos 6, verso 3 tenemos la lista de los medio-hermanos de Jesús, incluyendo a sus media-hermanas. Aparentemente éstos no creían en El como el Hijo de Dios. En Juan 7:3-5 leemos que, "Y le dijeron sus hermanos [a Jesús]: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en él". Se cree que José, el esposo de María ya había muerto. En el libro "La Historia Más Grande que se Ha Escrito", el autor dice que José tenía mucha más edad que María. Era costumbre entre la gente del Medio Oriente que los padres hacían los arreglos entre ellos mismos del matrimonio de sus hijos. Muchas veces, el futuro esposo procuraba una doncella de menor edad que él.

La profecía de Simeón en relación con María se estaba cumpliendo cuando éste le dijo en el templo de Jerusalén: "Una espada traspasará tu misma alma" Lucas 2:35. Sin duda alguna que Cristo vio y sintió la angustia y agonía de su madre estando junto a la cruz. Y pronunció la palabra del amor filial, "Mujer, he ahí tu hijo...He ahí tu madre". Tomen nota que Cristo no se dirigió a ella como su madre. Mas bien le dijo, "mujer". Cristo no era un hijo muriendo en una cruz frente a una madre, sino el Salvador del mundo muriendo por ella y el resto del mundo. Ya antes Jesús se había dirigido a ella de la misma manera. Parece ser que desde el momento que Cristo inició su ministerio, nunca más le llamó "madre" a su madre sino que se dirigía a ella como "mujer". En Juan 2:4 leemos acerca del primer milagro que Cristo hizo en Caná de Galilea. María, su madre, estaba presente y le dijo a Jesús, "…No tienen vino" (2:3). "Jesús le dijo ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora". Tal vez es probable que María se sintiera molesta u ofendida porque su propio Hijo, su primogénito no le llamaba Madre, sino mujer.

Años atrás, cuando Jesús ayudaba (según la tradición), en la carpintería de José esposo de Maria, cuando éste todavía vivía, recuerdo haber visto una pintura de Jesús en el taller de José. Mientras que el sol entraba por la ventana, Su madre veía a su Hijo desde la puerta. Jesús tiene sus brazos en alto para relajar el cuerpo. Los rayos del sol reflejan Su figura contra la pared. Lo que María ve en la pared, no es la figura de su Hijo sino la imagen de una cruz. En esa pintura muy bien se puede notar en el rostro de María la angustia, como si tratara de descifrar el significado de lo que está presenciando. Me imagino que era el cumplimiento de la profecía de Simeón años atrás. La espada continuaba atravesando el corazón de María.

Las palabras de Cristo a María, "Mujer, he ahí tu hijo" quieren decir "Ahora soy tu Salvador, tu Redentor". La última mención que se hace de María en la Biblia es en Hechos 1:14, "Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos". Durante el ministerio de Cristo, los hermanos de Jesús no creían en El, ahora, después de su muerte, crucifixión y resurrección, la Biblia habla de ellos como discípulos de Cristo. Jacobo, uno de sus hermanos, llegó a ser muy importante en la iglesia (Hechos 12:17; 15:13; Gálatas 2:9).

Así como Cristo es el Salvador de María y de todos aquellos que creen en El, así también El puede ser tu Salvador. Confiesa tus pecados a Dios, Pídele a Cristo que entre en tu corazón y serás salvo. "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe." (Efesios 2:8-9).

Estas tres palabras pronunció Cristo desde la Cruz entre las 9 de la mañana y medio día, según algunos. Después de estas tres horas el dolor se agudizaba más y más. El sol candente aumentaba su agonía. Sabía que le esperaban otras tres horas de martirio.

josue.mora@iglesiabautista.org

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Pasaje

Juan 19:26-27

26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo.

27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

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