Julio 02, 2020
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Viviendo Entre Los Incrédulos Con Santidad

 
 

Esaú Crespo

Introducción:

Para la fecha en que se escribió esta carta la obra misionera ya había cubierto todo el Asia Menor; por las regiones que se mencionan en este libro podemos ver que existían iglesias en las regiones vecinas del Mar Negro al sur de Rusia. La Edad Apostólica estaba llegando a su final junto con el primer siglo; la euforia de la pronta venida del Señor estaba amainando en la predicación de los primeros creyentes que pensaban que durante su existencia verían literalmente al Señor viniendo en gloria con los millones de ángeles; los malvados reinos cobijados por el Imperio Romano no daban señales de fenecer, sino por el contrario, el despotismo y la persecución contra la iglesia cada día aumentaba, no sólo de manera institucional, sino también en lo regional, al capricho de cualquier reyezuelo como ocurrió con la dinastía de los Herodes en el país de Israel. Los creyentes sufrían, sobre todo aquellos que estaban en calidad de esclavos; la iglesia no trató la esclavitud en una abierta confrontación, sino que se limitó a limar las asperezas entre los patronos y los esclavos.

El apóstol Pedro se ve en la necesidad de alentar a los hermanos para que hagan frente a todas las adversidades que van a tener en la experiencia de la vida cristiana. Sus mandamientos tienen que ver con el hecho de que van a conquistar a esa sociedad incrédula y pervertida, no sólo con la predicación, sino con un estilo de vida que refleje la enseñanza y el ejemplo del Señor Jesucristo. A continuación encontraremos cinco enseñanzas presentes en el pasaje que hemos elegidos para nuestra reflexión:

I. Santos ante las pasiones personales. (v. 11).

Tanto los profetas del Antiguo Testamento como los Apóstoles en el Nuevo utilizaron la experiencia de Israel en el desierto del Sinaí por cuarenta años durante su peregrinación hacia la tierra prometida, para ilustrar la peregrinación de los creyentes del Nuevo Testamento en el mundo donde Dios nos ha dejado para testimonio a los que no son creyentes.

La experiencia del pueblo israelita en el desierto nos recuerda que fue el pecado contra Dios lo que estorbó que el pueblo llegara pronto a la tierra prometida. El que escribe estas líneas ha estado en esas regiones y con facilidad se puede calcular que partiendo del norte de Egipto, cerca de las regiones del Delta y tomando una línea recta se puede llegar hasta Israel, caminando, en tres meses. Por causa de los niños, ancianos y todos los rebaños, se puede llegar en un año, ¡Pero cuarenta años! La razón es que Dios castigó al pueblo manteniéndolo todo aquel período, pero fue por los pecados de la nación y, entre esos pecados hay los que tienen que ver con las pasiones de la carne.

Tanto el libro del Éxodo como el de Números testifican de lo proclive que fue el pueblo israelita a la fornicación y a todos aquellos pecados que tienen que ver con la satisfacción de los apetitos carnales. Las mismas tentaciones que sufrió el pueblo israelita son las que combaten contra nuestras almas como bien lo dice el autor de la carta a los Hebreos: "...despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios". (Hebreos 12:1,2) Dependiendo del entorno en que nos movemos así se vuelven más fuertes las tentaciones, pero nuestro Dios no nos abandonará, sino que por su Espíritu Santo nos dará el poder para resistir las tentaciones y ser victoriosos para la gloria de Dios y para testimonio de los que nos rodean.

II. Santos ante los incrédulos. (v. 12).

Los incrédulos acusaban a los hermanos cristianos de varios pecados, entre los cuales estaban los de canibalismo, el ateísmo y la sedición: Canibalismo porque afirmaban que en la celebración de la cena del Señor se comían el cuerpo de Cristo y en el vino se bebían la sangre, pero todos sabemos que el pan y el vino que se toman en la Cena del Señor son sólo símbolos como bien lo explica el apóstol Pablo en el Cap. 11 de I Corintios; de ateísmo porque los cristianos no creían en los dioses del Panteón Greco-Romano, pues la Biblia afirma que "hay un solo Dios y solo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre". (I Timoteo 2:5); y de sedición porque para los cristianos sólo hay un Señor y es el Salvador Jesucristo, Amén!

III. Santos ante los gobernantes. (v. 13-17).

Obedecer estos mandamientos es muy duro para los que vivimos en estos países latinoamericanos donde el despotismo, la corrupción, el nepotismo y la injusticia han recorrido como jinetes apocalípticos todas las parcelas latinoamericanas y todos somos testigos del alto precio que han tenido que pagar nuestros hermanos peruanos, salvadoreños, etc. por no colaborar con los movimientos revolucionarios que se levantaron para acabar de una vez con esos regímenes déspotas; sin embargo, no existe en este continente ningún régimen tan cruel como el del Imperio Romano que existía en el tiempo que el apóstol Pedro escribió esta carta, y es en esa situación que el apóstol, inspirado por el Espíritu Santo, ordena que los creyentes nos sometamos a las instituciones de poder político de cualquier país.

IV. Santos ante los patronos. (vs. 18-20).

  • v. 18 Implica que muchos hermanos eran siervos en casa de ricos paganos. Ellos tienen que sufrir para mantener el testimonio entre los paganos.
  • v. 20. Nos recuerda que si sufrimos por causa de Cristo, somos bienaventurados como muy claramente lo dice el Señor en el gran discurso del Sermón del Monte. La palabra que usa el apóstol Pedro en este pasaje y que se traduce "gloria" no es doxa, sino kleos, que significa "fama", "buen testimonio".
  • v. 20 "Abofetear" aquí significa sufrir golpes de los patronos malvados. Agradecemos a Dios por todos los esfuerzos que se han hecho para abolir el sistema de la esclavitud, pero la práctica de la injusticia y mal trato contra los pobres trabajadores siempre existe, sino en una forma institucional, sí en lo particular, en lo personal. Con todo, la Palabra de Dios nos aconseja que aún cuando seamos tratados injustamente, no debemos responder de la misma manera, sino permitir que Dios juzgue a su tiempo como la afirma la Palabra: "No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque está escrito: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer, si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal". (Romanos 12:19-21). El apóstol Pedro nos recuerda que el Señor Jesucristo sufrió siendo él inocente, sin mancha; pero sufrió por nuestros pecados, para que nosotros fuéramos salvos por su muerte expiatoria en lea cruz del Calvario.

V. Santos como Cristo. (vs. 21-25).

La palabra "santo" es la traducción de un término griego que literalmente significa "apartado". Cuando la Biblia ordena a los creyentes en Cristo a que sean santos está diciendo que los cristianos no deben practicar aquellas cosas que expresamente la Biblia prohíbe o puede ser que el término exprese la idea de hacer aquellas cosas que los incrédulos no hacen. Como sea, Cristo es el modelo de todos los cristianos; y si el santo Señor sufrió injustamente, no es extraño que sus seguidores sufran de una manera injusta.

Todo el vocabulario que el apóstol Pedro usa en este pasaje nos presenta el cuadro del Siervo sufriente de Jehová que tenemos en Isaías 53. Debemos recordar que los cristianos sufrimos como pecadores, pero el Señor Jesucristo sufrió como Dios; nunca podremos entender con nuestras mentes limitadas y contaminadas por el pecado que significó el sufrimiento y la muerte del Hijo de Dios; pero sí podemos entender que el sacrificio del Hijo de Dios fue para redención eterna de todos los que ponemos la confianza en el Señor Jesucristo.

  • v. 24, "Llevó", implica la idea de un sacerdote que lleva la víctima al altar.
  • v. 25 nos recuerda que Cristo es el Obispo de las almas cristianas en el sentido de que él está supervisando el estado de sus siervos. Esto implica que los ojos del Señor están sobre nosotros para nuestro crecimiento espiritual así como para ayudarnos en las tentaciones de la carne y el mundo.

Conclusión:

Los cristianos sufrimos atropellos de toda clase en este mundo. La historia es testigo fiel de todos los sufrimientos que los cristianos han experimentado por causa de la fe; sin embargo en la actualidad los creyentes gozamos de una relativa paz (algunos historiadores dicen que resulta bastante extraño que la iglesia no tenga los conflictos de los siglos pasados), pero de acuerdo a la profecía bíblica, el futuro de los creyentes se vuelve sombrío. ¡Cualquiera sea la situación que tenga que atravesar la iglesia, la Biblia nos ordena que seamos santos!

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Pasaje

I Pedro 2:11-25

11 Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma,

12 manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.

13 Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior,

14 ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien.

15 Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos;

16 como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.

17 Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.

18 Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar.

19 Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente.

20 Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios.

21 Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas;

22 el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca;

23 quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente;

24 quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.

25 Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.

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