Diciembre 14, 2019
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El Obispo

 
 

Esaú Crespo

Introducción:

De acuerdo a la información que tenemos en el capítulo 20 del libro de Los Hechos de los Apóstoles llegamos a la conclusión que la persona que está a la cabeza de la iglesia local tiene tres nombres que definen de alguna manera las diferentes responsabilidades que el siervo del Señor tiene que desempeñar. Se le llama obispo, pastor y anciano. Los escritores del Nuevo Testamento usan indistintamente estos tres sustantivos para referirse a la misma persona que el Señor Jesucristo ha llamado para que cuide la grey del Señor. Por esta vez vamos a enfocarnos en el concepto de Obispo.

I. Su significado: "Sobreveedor", "Superintendente", "Inspector", "Vigilante".

El Señor ha puesto al obispo para que éste se encargue de vigilar que no se corrompa ni el cuerpo doctrinal apostólico ni la moral cristiana tal como la enseñó el Señor Jesucristo. El obispo debe estar a la expectativa de las corrientes de pensamiento ya sean religiosas, filosóficas o de cualquiera otra índole que sean una amenaza para la ortodoxia bíblica. En Hechos cap. 20 hay una profecía que afirma que del mismo seno de la iglesia local se levantarán hombres impíos que no tendrán temor de hacerle daño al rebaño del Señor que Él compró con su sangre.

II. Sus responsabilidades.

  • Gobernar la iglesia. (1ª. Timoteo 3:4). Además de lo que se dijo en el punto anterior, es responsabilidad del obispo gobernar la iglesia local, pero debe hacerlo con sabiduría, con imparcialidad y con un espíritu de temor. El apóstol Pedro dice en su primera carta cap. 5 que los obispos no deben tener señorío sobre los que están bajo su cuidado, sino que deben ser ejemplos de la grey. La iglesia del señor Jesucristo no tiene príncipes, sino siervos dispuestos a servir a los demás por amor al Señor. La iglesia verdadera sólo tiene un Príncipe y ese es el Señor Jesucristo que es llamado por el apóstol Pedro "El Príncipe de los pastores"
  • Velar por la iglesia como un pastor cuida su rebaño. (Hechos 20:28). Una preciosa ilustración de un buen pastor la tenemos en el Antiguo Testamento, en el primer libro de Samuel 17:34 donde el joven David af9irma que cuando él cuidada las ovejas de su padre si éstas eran atacadas por un oso o un león él se levantaba contra aquellas fieras y las mataba para que no hicieran daño algunas a las ovejas puestas bajo su responsabilidad. De la misma manera como hacía el joven David, así el obispo debe guardar las almas de los miembros que el Señor le ha entregado para que las protejan como es la voluntad del Señor.

III. Su fuente de autoridad.

  • La Palabra de Dios.

    Todos los creyentes sabemos que la Biblia es nuestra autoridad suprema en todo lo que tiene que ver con la doctrina y la moral cristiana.

  • El Espíritu Santo.

    El Señor Jesucristo prometió en Hechos 1:8 que el Espíritu Santo daría a los creyentes el poder para testificar la Palabra de Dios s los perdidos. Cuando los apóstoles predicaron el santo Evangelio muchas veces dijeron: "como dice el Espíritu Santo". Todo obispo de Dios debe afirmar sus declaraciones en lo que dice la Santa Biblia porque ella es la Palabra del Espíritu Santo.

IV. Sus requisitos.

Vamos a considerar sólo de los dos pasajes más destacados del Nuevo Testamento donde se mencionan los requisitos que deben tener los obispos del Señor.

  • 1ª. Timoteo 3:2-7.
    • irreprensible.

      Es decir, que no dé motivo alguno para que se le acuse

    • marido de una sola mujer.

      La doctrina del Celibato no es de la Biblia, sino de las religiones de misterio de Babilonia y Roma. La Biblia no le impone ninguna regla sobre celibato a los creyentes; lo que la Biblia afirma es que si alguno quiere renunciar al matrimonio para dedicarse totalmente a la obra del Señor, bien puede hacerlo, pero nunca es una imposición, sino u acto de voluntad de parte del creyente.

    • Sobrio. Que no pierda el control emocional cuando es provocado o tentado de en las diferentes circunstancias de la vida o del ministerio.
    • Prudente
    • Decoroso
    • Hospedador
    • Apto para enseñar
    • No dado al vino. No borracho
    • No pendenciero
    • No codicioso de ganancias deshonestas
    • Amable
    • Apacible
    • No avaro
    • Que gobierne bien a su familia
    • Que no sea un neófito. Es decir que tenga experiencia y que haya demostrado con su testimonio que es una persona digna de confianza.
  • Tito 1: 7-9 Los requisitos que se mencionan en este otro pasaje son básicamente los mismos del pasaje anterior, pero debemos notar algunos elementos nuevos que el apóstol Pablo añade aquí:
    • no iracundo
    • santo
    • dueño de sí mismo
    • retenedor de la Palabra fiel.

Conclusión:

Conclusión: Ser obispo del Señor es una gloriosa bendición, un gran privilegio que el Señor en su gracia nos ha dado, pero es una gran responsabilidad. El destino de miles de hombres y mujeres, en un sentido, dependen del obispo porque si éste no es fiel en la predicación de la Palabra o en su testimonio personal, las personas que nos rodean serán afectadas en el sentido de que no creerán la Palabra de Dios y por lo tanto se irán al infiero por una eternidad. Estimado colega, sea fiel en el ministerio que el Señor le ha encomendado.

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Pasaje

Hechos 20:17-38

17 Enviando, pues, desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia.

18 Cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia,

19 sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos;

20 y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas,

21 testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.

22 Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer;

23 salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones.

24 Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

25 Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro.

26 Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos;

27 porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.

28 Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.

29 Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño.

30 Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.

31 Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.

32 Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados.

33 Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado.

34 Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido.

35 En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.

36 Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos.

37 Entonces hubo gran llanto de todos; y echándose al cuello de Pablo, le besaban,

38 doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco.

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