Noviembre 20, 2019
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El Costo De Pecar Contra Dios

 
 

Esaú Crespo
Introducción

El libro de Josué nos habla de la conquista que realizó Israel luchando con la ayuda de Dios para echar a los cananeos de aquella tierra, la tierra de Canaán. Moisés ya había muerto y la carga de guiar al pueblo de Israel estaba hoy bajo la responsabilidad de Josué.

Las victorias eran dadas por Dios quien iba al frente de su pueblo. Israel sólo tenía que obedecer las órdenes de Dios dadas a través de su siervo Josué. Una de las verdades que aprendemos en este libro es sobre el fundamento de la obediencia a Dios para tener éxito en toda empresa; también se nos enseña que el pueblo de Dios es uno solo y que la desobediencia de uno afecta a los demás. Reviste mucha importancia el pasaje leído porque a través del pecado de Acán Israel estuvo a punto de perecer. El pecado de Acam parece insignificante ante nuestros ojos, pero ante los ojos de Dios, una pequeña desobediencia es tan dañina como el pecado más vulgar que el hombre pueda cometer. Veamos, pues, que pasó con el hombre de nuestra historia y cómo afecto al resto de la comunidad de Israel.

I. La Advertencia Sobre El Pecado. (v. 10) (6:18,19).

En el caso que nos ocupa, Josué ya había advertido sobre el pecado de tomar el anatema (JEREN), o sea el botín que pertenece a Dios (6:18,19).
Aquí tenemos un caso de guerra santa porque quien en realidad peleaba era Dios, ya que Israel no estaba preparado militarmente para luchar contra los pueblos de Canaán. Los despojos que quedaban de las guerras pertenecían exclusivamente a Dios, ya que eran el sagrado botín, y nadie, ni los sacerdotes, ni Josué ni los militares, podían tocar lo que correspondía al Señor de los ejércitos de Israel.

La Biblia enseña que Dios advierte a las personas sobre las consecuencias del pecado. Todos tenían que saber que la victoria pertenecía a Dios y la manera de demostrarlo era condenando al fuego todo el botín, para que de acuerdo a la mentalidad de aquellos tiempos, niños y adultos recordaran que la victoria en la guerra era mérito exclusivo de Dios. Dios no condena a nadie por sus hechos sin antes definir que tal hecho es pecado y que por lo tanto habrá consecuencias para el que transgreda las leyes divinas. El apóstol Pablo enseña en la carta a los Gálatas que antes de la ley de Moisés la gente adulteraba, codiciaba, etc. Y eran sin culpa, pero cuando vino la ley entonces supieron que eso era pecado y culpables por cometer tales actos. Tenemos otros ejemplos en los cuales vemos la misericordia y sabiduría de Dios ayudando al ser humano a través de sus leyes justas y santas.

  • Advertencia sobre los estragos del alcohol. (Proverbios 23:31-33).
  • Advertencia sobre el resultado del adulterio. (Proverbios 6:23-29).

    "El hombre es reducido a un bocado de pan".

  • Advertencia contra toda clase de pecado. (Números 32:23).

    Sin embargo, a pesar de las advertencias de Dios, siempre habrá personas dispuestas a hacer su propia voluntad sin importarles cuál es la voluntad de Dios; y esa fue la actitud de Acán. Él sabía que el botín le pertenecía a Dios, y aún así cometió su pecado contra Dios.

    Muchas personas creen que pueden pecar contra Dios y salirse con la suya, sin embargo, tarde o temprano la respuesta de Dios vendrá contra los que deliberadamente pecan contra Él. En los siguientes puntos veremos qué fue lo que pasó con Acán.

II. El Pecado Consumado. (v. 21).

Jericó era una ciudad muy próspera y es evidente que los despojos que quedaron eran muy atractivos; sin duda que el cúmulo de riquezas era numeroso. Dicen los arqueólogos que Jericó es la ciudad más antigua del mundo; ella antecede a las pirámides de Egipto; por lo tanto, es fácil imaginar la cantidad de riquezas que la ciudad había acumulado y que a cualquiera le despertaba la codicia. Se necesita tener bien arraigado en el corazón el temor de Dios para no caer ante tan llamativa tentación.

  • El proceso del pecado. (v. 21).
    • Vi. Generalmente todo pecado comienza con la provocación de un sentido; en este caso, fue la vista. La Biblia con frecuencia nos ordena que no demos este paso:

      Proverbios 23:31. "No mires el vino cuando rojea".

      Mateo 5:28. "Cualquiera que mira". El apóstol Juan dice en su Primera Carta Cáp. 2: 16,17: "Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre".

    • Codicié. Resulta más fácil evitar el ver que el codiciar. Cuando se llega a la etapa de la codicia, poco falta para consumar el pecado. La codicia, generalmente es provocada por aquello que no nos pertenece: Los bienes del prójimo, la esposa ajena. Esto resulta más claro cuando leemos Éxodo 20:17. Los sicólogos hablan de "la ley reversible de la sicología" que consiste en que la gente es más inclinada para hacer aquello que se le prohíbe. El pecador encuentra más atractivo lo prohibido que aquello que es permitido.
      • La codicia llevó al rey Acab a que matara al justo Nabot para quitarle sus tierras. El rey Acab era riquísimo en propiedades, pero no tenía satisfacción tan grande como la de codiciar la pequeña viña de Nabot.
      • La codicia lleva a las personas a cometer toda clase de maldades. (Santiago 4.1,2).
      • La codicia arruinó la vida de Budd Dwyer. Tesorero de Estado del estado de Pennsylvania. Por sus manos pasaron miles de millones de dólares, al ver aquel caudal fabuloso se despertó en él la codicia de dinero, pensó que nunca sería descubierto, y cuando su desgracia salió a la luz fue enjuiciado y por la vergüenza de haber defraudado al fisco, a sus amigos, a su familia y al gobierno, decidió suicidarse ante las cámaras de televisión poniéndose un tiro en la boca.
    • Tomé. Consumación del pecado. Ya no hubo manera de retroceder.

      Dios ha dado al ser humano mecanismos de defensa, pero hay momentos en la vida en que el hombre se encuentra en situaciones donde tales mecanismos ya no funcionan, tal es el caso del hombre que incuba en su alma el pecado de la codicia. En el caso de Acán, el orgullo y el egoísmo estaban satisfechos. Acán nunca pensó que sería descubierto su pecado.

      Así también ocurre con muchas personas que piensan que nunca serán descubiertos en sus maldades. No se puede jugar con Dios. (Vea 1ª. Timoteo 5:24).

      Cuando vemos el pecado que cometieron nuestros primeros padres, nos damos cuenta que hubo el mismo proceso: Vi, codicié y tomé. Eso fue el proceso del pecado, después vinieron las consecuencias y ya no hubo manera de retroceder, sino acarrear las consecuencias del pecado contra Dios. (Génesis 3:6).

III. Las Consecuencias Trágicas Del Pecado. (vs. 15,24-26).

Pereció Acán. El pecado acarrea desgracias para la persona que lo cometa.

Pereció la familia de Acán. La familia sufre cuando uno de sus miembros peca contra Dios.

Sufrió el pueblo entero. El fracaso de los pueblos se origina en el fracaso de los individuos.

IV. Jesucristo Quiere Cortar Las Consecuencias Del Pecado.

En Jesucristo hay solución:

Al pecado.
A la culpa del pecado.
A las consecuencias del pecado.

Conclusión:

El apóstol Pablo nos enseña que la Escritura fue escrita para nuestra consolación. Este pasaje fue escrito para enseñarnos que el pecado contra Dios por más escondido y secreto que lo tengamos, siempre saldrá a luz porque no hay nada encubierto que no haya de salir a la luz. Acán escondió su pecado por algún tiempo, pero llegó el momento que fue descubierto y entonces vino la debacle para él y también para su familia. La Biblia enseña que todos somos pecadores, pero la Biblia también nos dice que la sangre del Señor Jesucristo nos limpia de todo pecado.

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Pasaje

Josué 7

1 Pero los hijos de Israel cometieron una prevaricación en cuanto al anatema; porque Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá, tomó del anatema; y la ira de Jehová se encendió contra los hijos de Israel.

2 Después Josué envió hombres desde Jericó a Hai, que estaba junto a Bet-avén hacia el oriente de Bet-el; y les habló diciendo: Subid y reconoced la tierra. Y ellos subieron y reconocieron a Hai.

3 Y volviendo a Josué, le dijeron: No suba todo el pueblo, sino suban como dos mil o tres mil hombres, y tomarán a Hai; no fatigues a todo el pueblo yendo allí, porque son pocos.

4 Y subieron allá del pueblo como tres mil hombres, los cuales huyeron delante de los de Hai.

5 Y los de Hai mataron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua.

6 Entonces Josué rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas.

7 Y Josué dijo: ¡Ah, Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? ¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán!

8 ¡Ay, Señor! ¿qué diré, ya que Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos?

9 Porque los cananeos y todos los moradores de la tierra oirán, y nos rodearán, y borrarán nuestro nombre de sobre la tierra; y entonces, ¿qué harás tú a tu grande nombre?

10 Y Jehová dijo a Josué: Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro?

11 Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres.

12 Por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán la espalda, por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros.

13 Levántate, santifica al pueblo, y di: Santificaos para mañana; porque Jehová el Dios de Israel dice así: Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás hacer frente a tus enemigos, hasta que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros.

14 Os acercaréis, pues, mañana por vuestras tribus; y la tribu que Jehová tomare, se acercará por sus familias; y la familia que Jehová tomare, se acercará por sus casas; y la casa que Jehová tomare, se acercará por los varones;

15 y el que fuere sorprendido en el anatema, será quemado, él y todo lo que tiene, por cuanto ha quebrantado el pacto de Jehová, y ha cometido maldad en Israel.

16 Josué, pues, levantándose de mañana, hizo acercar a Israel por sus tribus; y fue tomada la tribu de Judá.

17 Y haciendo acercar a la tribu de Judá, fue tomada la familia de los de Zera; y haciendo luego acercar a la familia de los de Zera por los varones, fue tomado Zabdi.

18 Hizo acercar su casa por los varones, y fue tomado Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá.

19 Entonces Josué dijo a Acán: Hijo mío, da gloria a Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras.

20 Y Acán respondió a Josué diciendo: Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y así y así he hecho.

21 Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello.

22 Josué entonces envió mensajeros, los cuales fueron corriendo a la tienda; y he aquí estaba escondido en su tienda, y el dinero debajo de ello.

23 Y tomándolo de en medio de la tienda, lo trajeron a Josué y a todos los hijos de Israel, y lo pusieron delante de Jehová.

24 Entonces Josué, y todo Israel con él, tomaron a Acán hijo de Zera, el dinero, el manto, el lingote de oro, sus hijos, sus hijas, sus bueyes, sus asnos, sus ovejas, su tienda y todo cuanto tenía, y lo llevaron todo al valle de Acor.

25 Y le dijo Josué: ¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día. Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos.

26 Y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanece hasta hoy. Y Jehová se volvió del ardor de su ira. Y por esto aquel lugar se llama el Valle de Acor, hasta hoy.

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