Abril 24, 2017
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Dios Recompensa La Fe Del Pecador

 
 

Esa√ļ Crespo
Introducción:

El pasaje de nuestra meditaci√≥n est√° ubicado en un momento cr√≠tico en la historia del pueblo de Israel: los caldeos han rodeado la ciudad de Jerusal√©n y s√≥lo es cuesti√≥n de d√≠as para que toda la ciudad sucumba ante la amenaza babil√≥nica. El profeta Jerem√≠as hab√≠a comunicado a la naci√≥n jud√≠a que esta invasi√≥n caldea era el castigo de Dios por causa de la idolatr√≠a y su secuela de pecados en que hab√≠a ca√≠do el pueblo de Israel. El profeta les comunic√≥, adem√°s, que era in√ļtil resistir a los caldeos porque si esto ven√≠a de Dios nadie iba a evitar la derrota de la naci√≥n. El mensaje del profeta Jerem√≠as era de des√°nimo y por lo tanto el siervo de Dios fue visto por los l√≠deres de la naci√≥n como un traidor, como un vende-patria. La Palabra de Dios tiene su cumplimiento fiel y tal como Jerem√≠as lo hab√≠a profetizado, la naci√≥n sucumbi√≥ en el a√Īo 586 antes de Cristo.

El siervo de Dios, Jeremías, tuvo que pagar un precio: fue lanzado a una cisterna honda y llena de lodo podrido donde estaba condenado a la muerte, pues esa era la intención de sus enemigos.

En esta situación crítica tanto para el pueblo de Israel como para el profeta Jeremías condenado a la muerte, surge una persona que tendrá un papel relevante en la vida del profeta como también en la vida personal de este hombre que salvó al siervo de Dios. La Biblia dice que este hombre se llamaba Ebed-Melek y era originario del país de Etiopía al sur de Egipto. Había venido de muy lejos pues la distancia entre Israel y Etiopía es de aproximadamente 3,000 kms.

Este et√≠ope es una ilustraci√≥n muy preciosa para que aprendamos que la fe en Dios nos lleva a ayudar a nuestro pr√≥jimo necesitado y que todo servicio que prestemos a Dios no quedar√° si n recompensa. ¬ŅQu√© dice la Biblia, pues, acerca de este hombre creyente?

I. Su Condición Social

  • Era un emigrante de Etiop√≠a que posiblemente hab√≠a llegado en calidad de esclavo.

    En aquellos d√≠as cuando exist√≠a el r√©gimen de esclavitud no era extra√Īo que en las cortes orientales existieran personas en esa condici√≥n. Por su misma situaci√≥n de esclavo viv√≠a en el anonimato y nada sabr√≠amos de √©l si no fuera por la decisi√≥n que tom√≥ de salvar la vida del profeta Jerem√≠as por su fe personal en el Dios de Israel. La situaci√≥n econ√≥mica de este hombre era tan deplorable que cuando decidi√≥ sacar al profeta Jerem√≠as del lodo cenagoso y teniendo la necesidad de buscar telas para hacer unas soga lo suficientemente fuerte como para sacar al profeta, se vio en la necesidad de tomar de las telas m√°s viejas que pudo encontrar (38:11).

  • Era un hombre sin porvenir familiar pues era eunuco.

    La palabra "eunuco" literalmente significa "castrado", pero algunas veces ese mismo término tiene la connotación de "oficial"; sin embargo, algunos eruditos bíblicos afirman que el término "oficial" es sólo un eufemismo que tiene la intención de suavizar un término que suena repugnante en los oídos de un occidental.

    En aquellos tiempos había la bárbara costumbre de castrar hombres para que cuidaran las mujeres de los reyes y evitar así que dichos servidores fueran a cohabitar con las mujeres de los soberanos.

II. Su condición religiosa (Deuteronomio 23:1)

Para la naci√≥n israelita la pr√°ctica de la castraci√≥n era abominable por muchas razones, pero fundamentalmente por razones teol√≥gicas, pues para los israelitas la descendencia familiar ten√≠a especial relevancia pues en cada ni√Īo hebreo que nac√≠a ellos abrigaban la esperanza de que el Mes√≠as hab√≠a llegado. Por la raz√≥n que ya se expuso, los hebreos miraban a los eunucos como una aberraci√≥n o blasfemia contra la esperanza de la redenci√≥n.

La pr√°ctica de la castraci√≥n no s√≥lo era contraria a la esperanza mesi√°nica de la naci√≥n hebrea, sino que tambi√©n dicha pr√°ctica era com√ļn en las religiones paganas donde hombres se castraban de su propia voluntad como un voto a las "v√≠rgenes" o sea los √≠dolos de forma femenina que se adoraban en aquellos contornos.

Por su condición de eunuco, Ebed-Melek nunca tendría la oportunidad de entrar hasta el santuario donde podían llegar los israelitas comunes y corrientes. No cuesta imaginar la ignominia que arrastraba este pobre eunuco en medio de una sociedad educada con la Palabra de Dios que estaba en contra de toda práctica que atentaba contra la santidad del matrimonio que se concibe como la unión legal de un hombre y una mujer con el propósito de procrear una familia. En la mentalidad hebrea un eunuco nunca estaría en la presencia de Dios.

Pero los hebreos no tomaron en cuenta la ense√Īanza b√≠blica de que el Dios de los cielos Es Dios de misericordia y que su amor se extiende a cualquier pecador para darle la oportunidad de salvaci√≥n. En el libro de Isa√≠as 56:3-7 Dios dijo que El amaba tambi√©n a los eunucos y que √©stos eran objeto de su salvaci√≥n. En el tiempo del profeta Jerem√≠as ya se conoc√≠an las ense√Īanzas de Isa√≠as, pues √©ste hab√≠a vivido muchos a√Īos antes de que sucumbiera la naci√≥n israelita.

Dios no hace acepci√≥n de personas, pues √Čl dice en el libro de Santiago como tambi√©n en otros pasajes de la Biblia que su deseo es salvar a toda la humanidad. (Santiago2:5,6)

III. Su Destino: Una Muerte Cruel.

  • Ebed-Melek ten√≠a enemigos internos que deseaban su muerte.

    Debemos recordar que los príncipes apóstatas habían tramado el plan para asesinar al profeta Jeremías y este etíope les había interferido en la ejecución de su malvado plan. De manera que Ebed-Melek estaba experimentando la tensión que el momento menos pensado podía sucumbir ante la furia de aquellos criminales.

  • Ebed-Melek ten√≠a enemigos externos. Mientras los enemigos de Ebed-Melek inflig√≠an temor de muerte dentro de la ciudad, fuera de las murallas de Jerusal√©n estaban los caldeos invasores con la rabia suficiente para masacrar a todos los habitantes de la ciudad de Jerusal√©n.

    Una simple de lectura de Jeremías 29:22; 39:6-8 nos hace entender la crueldad de la nación caldea cuyos guerreros empalaban a sus cautivos para asarlos a fuego lento o a veces amarraban la víctima de sus cuatro extremidades a cuatro caballos para que muriera desgarrado de su cuerpo en cuatro pedazos. ¡Así eran de crueles los babilónicos!

    ¬°No era para menos el temor de Ebed-Melek! ¬°Enemigos por dentro y por fuera!

IV. Su Confianza En El Dios Que Puede Salvar (39:18)

En medio de aquella desesperaci√≥n en que se encontraba este hombre y habiendo escuchado la Palabra de Dios, toma la sabia decisi√≥n de poner su personal en el Dios verdadero de Israel. La Biblia nos ense√Īa que la salvaci√≥n eterna se recibe s√≥lo por la fe personal en Dios. Dios es el autor de la salvaci√≥n. Lo √ļnico que el hombre debe hacer es creer en lo que la Biblia dice acerca del Se√Īor Jesucristo. El ap√≥stol Pablo nos dice en Efesios cap. 2 "que por gracia somos salvos, por medio de la fe. Y esto no de nosotros pues es don de Dios. No por obras para que nadie se glor√≠e". Fe es poner la fianza en Dios y vivir en base a esa confianza como el ni√Īo que recibe la promesa de su padre.

El ni√Īo nunca cuestiona la promesa que le alguno de sus progenitores.

V. Su Recompensa

  • Fue librado de la muerte (39:17)
  • Recibi√≥ beneficios econ√≥micos (39:10)
  • Recibi√≥ la vida eterna Leg√≥ una bendici√≥n a su raza et√≠ope. Dios sabe bendecir a los que conf√≠an en √Čl. En √Čxodo cap. 20 hay una promesa que todos aquellos que aman a Dios y guardan sus mandamientos recibir√°n recompensa no s√≥lo ellos, sino tambi√©n sus descendientes hasta mil generaciones! Asimismo, los que odian a Dios reciben maldici√≥n hasta la cuarta generaci√≥n.

    Es muy interesante que cuando la Biblia habla de los et√≠opes a nivel particular, siempre habla en sentido bueno; Por ejemplo, el Se√Īor Jesucristo comenta la actitud de la reina de Etiop√≠a que vino de partes lejanas para escuchar la sabidur√≠a del rey Salom√≥n. El libro de los Hechos de los Ap√≥stoles en el cap√≠tulo 8 nos habla de otro et√≠ope que andaba en la b√ļsqueda del Dios verdadero y que Felipe evangeliz√≥ habl√°ndole de la fe personal en el Se√Īor Jesucristo.

    En el caso de la reina de Etiop√≠a que fue a Jerusal√©n para o√≠r la sabidur√≠a del rey Salom√≥n, se ha tejido la siguiente tradici√≥n: la reina durmi√≥ con el rey y de esa uni√≥n naci√≥ un ni√Īo cuyos descendientes aceptaron ser de la familia de los jud√≠os y llegaron a llamarse "Beta Israel" y que sus enemigos los apodaron "falashas" "los advenedizos". Pues bien, "los falashas" aceptaron someterse a todos los rituales del juda√≠smo, sus ni√Īos eran circuncidados al octavo d√≠a, aprendieron a hablar el idioma Hebreo y su libro sagrado fue la Tora o sea los primeros cinco libros del Antiguo Testamento. Los rabinos jud√≠os comenzaron a tener conciencia de que hab√≠a un pueblo de Dios disperso en la naci√≥ et√≠ope.

    A mediados del siglo XX por causa de sequ√≠as y guerras civiles se desat√≥ una hambruna que amenazaba matar por hambre a toda una naci√≥n. El gobierno israelita tom√≥ la decisi√≥n de sacar de aquella naci√≥n a sus hermanos de fe y fue as√≠ que ...¬°Israel salv√≥ a los "falashas" sac√°ndolos de Etiop√≠a y llev√°ndolos a la tierra de Israel! ¬°Dios sabe recompensar a los que creen en √Čl!

Conclusión:

Ebed-Melek salv√≥ al profeta Jerem√≠as y de esa manera demostr√≥ su fe personal en el Dios de Israel. Dios, que es justo y misericordioso, llen√≥ de bendiciones a aquel creyente que es un ejemplo para que nosotros en este tiempo tambi√©n pongamos nuestra confianza en el √ļnico Dios que puede salvar eternamente a todo pecador que se arrepiente de sus pecados y pone su fe en el Se√Īor Jesucristo.

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Pasaje

Jeremías 38:1-13

1 Oyeron Sefat√≠as hijo de Mat√°n, Gedal√≠as hijo de Pasur, Jucal hijo de Selem√≠as, y Pasur hijo de Malqu√≠as, las palabras que Jerem√≠as hablaba a todo el pueblo, diciendo: 2 As√≠ ha dicho Jehov√°: El que se quedare en esta ciudad morir√° a espada, o de hambre, o de pestilencia; mas el que se pasare a los caldeos vivir√°, pues su vida le ser√° por bot√≠n, y vivir√°. 3 As√≠ ha dicho Jehov√°: De cierto ser√° entregada esta ciudad en manos del ej√©rcito del rey de Babilonia, y la tomar√°. 4 Y dijeron los pr√≠ncipes al rey: Muera ahora este hombre; porque de esta manera hace desmayar las manos de los hombres de guerra que han quedado en esta ciudad, y las manos de todo el pueblo, habl√°ndoles tales palabras; porque este hombre no busca la paz de este pueblo, sino el mal. 5 Y dijo el rey Sedequ√≠as: He aqu√≠ que √©l est√° en vuestras manos; pues el rey nada puede hacer contra vosotros. 6 Entonces tomaron ellos a Jerem√≠as y lo hicieron echar en la cisterna de Malqu√≠as hijo de Hamelec, que estaba en el patio de la c√°rcel; y metieron a Jerem√≠as con sogas. Y en la cisterna no hab√≠a agua, sino cieno, y se hundi√≥ Jerem√≠as en el cieno. 7 Y oyendo Ebed-melec, hombre et√≠ope, eunuco de la casa real, que hab√≠an puesto a Jerem√≠as en la cisterna, y estando sentado el rey a la puerta de Benjam√≠n, 8 Ebed-melec sali√≥ de la casa del rey y habl√≥ al rey, diciendo: 9 Mi se√Īor el rey, mal hicieron estos varones en todo lo que han hecho con el profeta Jerem√≠as, al cual hicieron echar en la cisterna; porque all√≠ morir√° de hambre, pues no hay m√°s pan en la ciudad. 10 Entonces mand√≥ el rey al mismo et√≠ope Ebed-melec, diciendo: Toma en tu poder treinta hombres de aqu√≠, y haz sacar al profeta Jerem√≠as de la cisterna, antes que muera. 11 Y tom√≥ Ebed-melec en su poder a los hombres, y entr√≥ a la casa del rey debajo de la tesorer√≠a, y tom√≥ de all√≠ trapos viejos y ropas ra√≠das y andrajosas, y los ech√≥ a Jerem√≠as con sogas en la cisterna. 12 Y dijo el et√≠ope Ebed-melec a Jerem√≠as: Pon ahora esos trapos viejos y ropas ra√≠das y andrajosas, bajo los sobacos, debajo de las sogas. Y lo hizo as√≠ Jerem√≠as. 13 De este modo sacaron a Jerem√≠as con sogas, y lo subieron de la cisterna; y qued√≥ Jerem√≠as en el patio de la c√°rcel.

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