Septiembre 20, 2021
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Demandas Del Discipulado

 
 

Esaú Crespo
Introducción

Uno de los privilegios más grandes que una persona puede tener es ser discípula del Señor Jesucristo. En la Biblia aprendemos que el Señor Jesucristo llamó a muchas personas para entrenarlas como discípulas y así llevaran adelante la obra que Él había comenzado. La experiencia nos ha enseñado que la mejor forma para que una iglesia local sea fuerte y firme es que cada creyente sea discipulado. Sin embargo, el Señor Jesús nos dice que el ser discípulo de Él tiene un costo y que cada persona tiene que estar dispuesta a pagar dicho costo, si es que quiere ser discípula del Señor Jesucristo. En el pasaje mencionado el Señor Jesús da los lineamientos de los que serán sus discípulos.

I. Amor a Cristo Sobre la Familia.

  • El Señor dice que si el discípulo no "aborrece" a su familia no puede ser discípulo de Él. En la Biblia cuando los escritores usan la palabra "aborrecer" con respecto a Dios, están usando lenguaje antropomórfico, es decir, están asignando a Dios un sentimiento que es propio de la raza humana que ha sido contaminada por el pecado. También es necesario tomar en cuenta la siguiente consideración, la cual consiste en el hecho de que "aborrecer" en la Biblia algunas veces significa amar menos. En nuestro pasaje aprendemos que la enseñanza del Señor Jesucristo es que el discípulo debe estar dispuesto a amar a su Señor más que a su propia familia.
  • Cuando rendimos nuestra vida al Señor Jesucristo, entonces estamos mas capacitados para amar mejor a nuestra familia. Es la Biblia la que mejor educa al hombre para ser un mejor hijo, un mejor esposo, un mejor padre, etc. Es la Biblia donde se nos enseña que debemos honrar a nuestros padres y que el hijo rebelde contra sus padres no gozará de la bendición de Dios. No existe otro código de moral en el mundo ni en la historia que supere la enseñanza acerca de la familia como lo hace la Biblia. La Palabra de Dios nos enseña cómo deben ser las relaciones entre los padres y los hijos; entre esposa y esposo; entre los patronos y los obreros; entre el gobierno y los ciudadanos. Etc., Pero con todo lo que se dice acerca del amor a la familia o al prójimo, el amor del discípulo hacia el Señor Jesucristo debe superar todo sentimiento filial. De lo contrario, nadie puede ser discípulo del Señor Jesucristo. Por otra parte, además de la enseñanza bíblica acerca de la familia, la Biblia dice en Romanos 5:5 "... porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado". El Espíritu Santo nos capacita con un sentimiento especial para que amemos con amor inalterable y santo a todos nuestros familiares, pero primero debemos amar a nuestro bendito Dios y Salvador, el Señor Jesucristo.

II. Amor a Cristo Sobre la Persona Misma.

Uno de los problemas más serios que abate a la sociedad mundial es la falta de amor hacia las otras personas; la tendencia del ser humano es concentrar toda la atención hacia sí mismo. A este problema se le llama "egoísmo". Todos los individuos tenemos intereses personales, pero para un verdadero discípulo de Cristo, los intereses del Señor Jesucristo deben estar sobre cualquier otro interés. La Biblia nos enseña que el discípulo de Cristo debe negarse a sí mismo y tomar la cruz cada día.

III. Disposición aLlevar la Cruz.

La cruz, como bien se pude ver por el contexto, no se está refiriendo a ningún símbolo religioso, sino a una vida de pruebas que vienen por causa de la fe en Cristo. La historia es abundante en testimonios de las multitudes de cristianos que tuvieron que ser sometidos a las más duras pruebas por causa de la fe en el Señor Jesucristo. En la primera parte del siglo I, el sufrimiento fue causado por los judíos; en la segunda parte del primer siglo y hasta el cuarto siglo, la persecución vino de parte del Imperio Romano; pero en toda la Edad Media el pueblo de Dios fue perseguido por la iglesia Católica Romana. Sólo basta leer cualquier tratado de historia para darse cuenta de cómo el pueblo de Dios fue tratado, sobre todo en los días de los tribunales católicos conocidos como la "Santa" Inquisición. En nuestro siglo XX hemos tenido información del precio alto que algunos creyentes han tenido que pagar por causa de su fe en el Señor Jesucristo. En los últimos tiempos hemos gozado de una relativa calma con respecto a la reacción de los incrédulos contra los creyentes en Jesucristo, pero cualquier momento la bestia de la persecución puede levantar las garras contra la fe. Sin embargo, el verdadero discípulo está enterado de cual es el precio que se puede pagar. El apóstol Pablo dice en Romanos 8: 35-39: "¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Señor nuestro".

IV. Disposición a Seguir al Señor.

En las iglesias evangélicas de El Salvador cantamos un corito muy sencillo, pero que expresa el sentimiento de fidelidad a Cristo, el cual dice: "He decidido seguir a Cristo, he decidido seguir a Cristo, he decidido seguir a Cristo, no vuelvo atrás, no vuelvo atrás". En mi experiencia de pastor he visto mucho sufrimiento en el pueblo de Dios, pero allí he visto las gloriosas experiencias de fidelidad. Quiero contar dos experiencias más recientes que han sucedido en nuestra comunidad: El hermano Jaime Guevara, casado, con dos niños, de apenas 20 años de edad, se encontraba trabajando en una construcción; manipulando unas varillas de hierro hizo contacto con cables de alta tensión; la electricidad lo envolvió en una llama de fuego y lo arrojó al piso; moribundo fue llevado al hospital y los médicos lograron salvarle la vida, pero le amputaron el brazo derecho, y el izquierdo, después de un largo y doloroso proceso de tratamiento cirujano, le quedó desfigurado y sin la capacidad ni para sostener una taza de café. Cuando algunas veces hemos tenido que comer juntos, tenemos que hacer los bocados para que el hermano Jaime pueda alimentarse. Con una situación como ésta cualquiera pude deprimirse al grado de ahogarse en una vida de drogas o de alcoholismo o quitarse la vida, pero esto no sucedió con el hermano Jaime que al final de su tratamiento decidió dedicar su vida al ministerio. ¡Ahora es pastor evangélico! Pastorea una iglesia en una ciudad del oriente del país. El otro caso que quiero mencionar es el de un hermano campesino que fue atacado por una banda de malhechores que le robaron sus pocas pertenencias y después lo encerraron en una habitación junto a su esposa y en otra habitación violaron a sus hijas. La pena de esta familia fue terrible, pero la experiencia de este hombre no lo apartó del Señor; ahora estudia en el Instituto Bíblico para servir le al Señor a tiempo completo. Los verdaderos discípulos del Señor están dispuestos a todo con tal de tener el glorioso privilegio de servir al Rey de reyes y Señor de señores.

Conclusión:

Una de las virtudes de la enseñanza del Señor Jesucristo es la claridad diáfana con que el Señor orienta a las personas que quieren seguirlo. No hay ninguna trampa, no hay ningún engaño; la Palabra de Dios le dice claramente al hombre el precio que tiene que pagar para ser un discípulo de Cristo, pero...¡Vale la pena!

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Pasaje

Lucas 14:25-33

25 Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo:

26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.

27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

28 Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?

29 No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él,

30 diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar.

31 ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil?

32 Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz.

33 Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

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