Diciembre 14, 2019
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La Naturaleza de la Iglesia

 
 

Esaú Crespo

Introducción:

En el Antiguo Testamento fue un misterio la existencia de la iglesia. Los profetas de Dios no tuvieron ninguna revelación sobre la existencia de un pueblo de Dios llamado la Iglesia. A partir de la venida del Señor Jesucristo, en la dispensación de la gracia, el misterio fue dado a conocer "por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas" (Efesios 3:3-6).

Después que Cristo resucitó de la tumba, le habló a sus apóstoles en Galilea y los comisionó diciendo: "Id y haced discípulos a todas las naciones" (Mateo 28:19,20). El Espíritu Santo escogió a Pedro para que predicara el Evangelio a los gentiles (Hechos 10:1-48). Después los apóstoles Pablo y Bernabé fueron escogidos por el Espíritu Santo para ser los primeros evangelistas misioneros a las naciones gentiles. En el primer viaje misionero ellos primero predicaron a los judíos, pero cuando éstos rechazaron el Evangelio de Cristo, los apóstoles les dijeron: "A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase la Palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles" (Hechos 13:46-49)

El misterio que Dios reveló a Pablo es que los gentiles no tienen que pertenecer al judaísmo para heredar la vida eterna; ahora hay un nuevo pueblo que se llama: La Iglesia. En Cristo no hay judío, ni gentil "porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gálatas 3:28) Este es, entonces, el misterio que fue escondido a los hombres en el Antiguo Testamento.

Para ayudarnos a entender la doctrina de la iglesia, el Espíritu Santo, que es el Autor de la Palabra de Dios (II Timoteo 3:16,17; II Pedro 1:21), nos ha dado 7 metáforas o ilustraciones para ayudarnos a entender la eterna relación entre Cristo y la Iglesia. Estas 7 ilustraciones son las siguientes:

1. Cristo es el novio y la iglesia la novia.

La novia, en la resurrección tendrá un cuerpo glorificado e incorruptible (I Corintios 15:51-58), y ella será presentada a El como una virgen pura (II Corintios 11:2; Efesios 5:25-27).

2. Cristo es el buen pastor y la iglesia es el rebaño.

El Pastor guía, protege y alimenta a las ovejas (Salmo 23). Cuando la oveja es atacada ella no pone resistencia, es decir, no se defiende, por eso ella necesita de los tiernos cuidado del pastor; cuando la oveja se pierde no es capaz de encontrar por sí sola el camino al redil, ella necesita ser conducida por su pastor. (Lucas 15:3-7; Juan 10:11-16)

3. Cristo es la cabeza y la iglesia es su cuerpo.

Cristo es "la Cabeza del cuerpo", la iglesia (Colosenses 1:18) Ningún cuerpo humano normal tiene dos cabezas. Cristo es la cabeza, y los miembros de la iglesia, que somos muchos, formamos el cuerpo de Cristo. Como miembros del cuerpo de Cristo, todos somos iguales delante de Dios; en la iglesia del Señor no existe una jerarquía centralizada, sino que Dios nos ha dado diferentes dones para servir a Dios y ser testigos de su verdad ante el mundo. Cristo es, pues, la Cabeza y los creyentes somos el cuerpo. (I Corintios 12:12-26).

4. Cristo es el fundamento principal y la iglesia es el edificio.

El apóstol Pedro enseña que cada creyente es una piedra viva que forma el edificio del Señor (I Pedro 2:5). Los creyentes somos construidos sobre Cristo por la enseñanza de los apóstoles y los profetas, es decir, por las enseñanzas de los Evangelios y las Epístolas. (Efesios 2:19,20) La iglesia no tiene ningún fundamento visible en la tierra, sino que su Fundamento está en los cielos y es el Señor Jesucristo!

5. Cristo es el sumo sacerdote y la iglesia es el templo.

La iglesia es llamada "un templo santo en el Señor" (Efesios 2:21). Cada miembro de la iglesia es parte del templo y es habitado por Dios, el Espíritu Santo. (I Corintios 6:19,20) Un templo es un lugar para adorar. Nosotros podemos adorar a Dios solos o en compañía de otros hermanos que son miembros de la iglesia del Señor. Cristo es, entonces, nuestro Sumo Sacerdote y nosotros los cristianos somos Su templo.

6. Cristo es la vid y la iglesia los pámpanos.

Una vid es una parra de uvas y los pámpanos son las ramas que producen los gajos de uvas. Jesús dijo: "Yo soy la vid y vosotros los pámpanos" (Juan 15:5)

En la edad de la iglesia, es decir, desde el Pentecostés hasta el Rapto cuando Cristo venga por los creyentes, cada creyente como pámpano deber llevar frutos para la gloria de Dios. Hay tres etapas en la producción de ese fruto:

  • fruto
  • más fruto
  • mucho fruto

(Juan 15:1-5)

Uno de los frutos del cristiano es que gana almas para Cristo. Cada creyente debe testificar de su fe en el Señor Jesucristo para que las personas al oír el testimonio crean y se salven. Si Ud. es un ganador de almas para Cristo, Dios le dará grandes recompensas de acuerdo a sus fieles promesas. (Juan 15:7,11; I Tesalonicenses 2:19,20).

7. Cristo es el postrer Adán y la iglesia es la nueva creación.

El primer Adán recibió la vida, pero el postrer Adán, Cristo, es el dador de la vida. (Juan 1:4). El primer Adán fue derrotado por Satanás, pero el postrer Adán derrotó a Satanás.

El primer Adán introdujo en el mundo el pecado, pero el postrer Adán con su sangre derramada en la cruz borró nuestros pecados; el primer Adán nos trazó el camino al infierno, pero el postrer Adán nos trazó el camino al cielo. Adán nos contaminó de pecado, pero Cristo nos ha hecho nuevas criaturas. El apóstol Pablo dice en II Corintios 5:17: "De modo que si alguno está en Cristo nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas"

La iglesia pertenece a Cristo y aunque está en el mundo, pero no pertenece la mundo. Por un período de 2000 años Satanás ha intentado destruir a la iglesia, pero siempre ha fracasado porque el Señor Jesucristo ha hecho una promesa a su pueblo, la cual dice que "las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (Mateo 16:18)

Conclusión:

La iglesia es el pueblo de Dios y todas las comparaciones que la Biblia pone para ilustrar la unión de Cristo con la Iglesia nos hacen entender que todos los creyentes tenemos una comunión perfecta con Cristo por toda la eternidad. Estamos unidos a nuestro Señor y Salvador y para los verdaderos creyentes es un gozo inefable servir al Señor Jesucristo.

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