Octubre 21, 2017
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Roma y el Purgatorio

 
 

El catecismo católico

(Belga): pregunta 144 ¿Cuáles son las almas que van al purgatorio? Al purgatorio van las almas de aquellos que han muerto en estado de gracia, pero que aún deben sufrir castigos temporales por sus pecados.

Declaración del catecismo

El purgatorio es un lugar determinado; posiblemente se halla, como el infierno, en el interior de la tierra. El purgatorio no durará eternamente, pero será eliminado en el día del juicio, pues en ese día todos los hombres serán benditos o malditos. Los justos que en ese último día de juicio aún vivirán, pagarán sus males con las penas de esta vida y el fuego, que cubrirá toda la tierra.

El catecismo enseña que las almas pagan sus pecados en el purgatorio. Pero, ¿cómo se purifican esas almas del pecado diario con el cual aún estaban manchados al abandonar el cuerpo? Santo Tomás enseña que el alma al abandonar el cuerpo es purificada de todo pecado diario por medio de un acto de amor ferviente. Aunque luego de esta vida la situación de poder merecer ha pasado, ese acto de amor sí quita el impedimento de la culpa de pecado, pero no gana perdón de "castigo" como en esta vida. (De Malo, q 7 a. 11). Los castigos del purgatorio se reducen, al igual que los dolores del infierno, a dos clases: el castigo de "carencia" y el castigo del "sentir" (dolor real). El castigo más grande de las almas sufrientes es el de "carencia" que significa ser impedido temporalmente de la bendita contemplación de Dios. Cual la paloma, que al ser llevada a lugares extraños, desea volar velozmente hacia el hogar, también el alma quiere escaparse de su cárcel, para volar al Hogar paternal, pero ella es detenida por la mano invisible del Juez implacable, y además siente que su vuelo es detenido por la carga de culpabilidad (...) Y cuánta pena y vergüenza debe sentir el alma ante el reproche constante de su conciencia, que su propia culpa la hace indigna de recibir ya ahora la herencia de los hijos de Dios, y que aún no puede acercarse al Padre siempre amante, porque ha sido pecadora.

Al castigo de carencia se suma es del sentir y que consiste de dolor de fuego y otros dolores. El sentir común de la iglesia Romana es que las almas en el purgatorio (aunque separadas de sus cuerpos) sufren dolores de fuego real.

San Agustín dice de este fuego que es más doloroso que todo lo que el hombre puede sufrir en esta vida. Y San Tomás aún cree, que en cuanto a ambos dolores (de carencia y de sentir) el dolor más pequeño del purgatorio sobrepasa el dolor más fuerte de esta vida.

Pero esto último es negado por otros enseñadores, como por ejemplo H. Bonaventura. Pero, si bien las almas en el purgatorio sufren dolores tremendos, son limpias de todos pecados, conformadas en la gracia salvadora, y así libres de pecar, y además aseguradas de su salvación. Las almas santas son pacientes en su sufrir y totalmente sometidas a la voluntad santa de Dios, que es considerado por ellas como un Padre que castiga y purifica y las prepara para la gloria eterna. Y a pesar de su dolor indecible no quisieran aparecer cargadas de culpas ante el Dios sagrado e infinitamente justo; es por ello que gimen por la ayuda de sus amigos en la tierra.

  • ¿Cuánto tiempo quedan las almas en el purgatorio?

    Las almas quedan en el purgatorio hasta que por medio de su sufrimiento hayan pasado totalmente sus pecados, o hasta que por ayuda de otros sean libradas. Los castigos del purgatorio son, pues, temporales; son de acuerdo a la culpa del alma.

    Así es que algunas almas han de sufrir con menor intensidad y por menor tiempo, mientras otras sufrirán más intensamente y con mayor duración, quizá por siglos (Bellarminus, De Purgatorio Lib. II, cap. 9).

    En cuanto a las almas que en el tiempo final han de ser mandadas al purgatorio, Dios puede suplir la menor duración de los dolores mediante pena más grande en el dolor de carencia y sufrimiento más intenso en el castigo de sentir.
     

  • ¿Qué comunión tenemos con las almas que están en el purgatorio?

    "Con las almas en el purgatorio tenemos una comunión que consiste en ayudar a esas almas por medio de nuestros rezos, buenas obras e indulgencias, pero especialmente mediante el sacrificio de la santa misa."

    Las distintas obras que los vivos hacen por las almas en el purgatorio son para el bien de estas últimas: como "pago", como "súplica".

    • Como pago para pagar las culpa. Por medio de los sacrificios de la santa misa y las indulgencias se aplican las satisfacciones de Cristo y de los santos a las almas sufrientes. También las buenas obras de los fieles son de provecho para las almas, puesto que casi todas las buenas obras requieren esfuerzo, lo cual tiene poder para satisfacer castigos temporales ante Dios. Así es que mediante rezos, ayunos, el dar limosnas, etc., podemos ir pagando la culpa de nuestros hermanos que sufren.
       
    • Como súplica, pues estos sirven para mover a Dios según la promesa de Cristo: "Pedid y recibiréis", y así se aplican las satisfacciones de Cristo y los santos a las lamas en pena.
       
  • El día de todos los santos y el mes de noviembre

    La iglesia siempre ha demostrado su preocupación maternal por las almas en el purgatorio. Sin embargo, no había en los primeros siglos un día especial para conmemorar los muertos. Recién en 998 Odilo, el superior de la famosa abadía de Benedictinos en Cluny (Francia), decreta que en el 2do. Día de noviembre se debe festejar el día de todos lo santos en todos los monasterios de su congregación. Esa costumbre muy pronto se hizo general.

    El Papa Benedicto XV, el diez de agosto de 1915 otorgó a todos los sacerdotes de todo el mundo el privilegio de celebrar tres misas en el día de Todos los santos.

    Además, en ese día todos los creyentes que se han confesado y han comulgado, pueden ganar una indulgencia plena cada vez que entran en una iglesia o una capilla para rezar, y así aliviar el dolor de las almas en el purgatorio, según la opinión del papa.

    También el mes de noviembre es dedicado a la memoria de las almas creyentes.

    El Papa león XIII otorgó indulgencias para las almas que sufren por medio de todos los creyentes que en cada día de ese mes ayudan con ejercicios espirituales a las almas en pena.

La confesión de fe de la iglesia (El Catecismo Católico Romano para mayores)

"La enseñanza sobre el purgatorio ya fue preparada en Judaísmo. Pero en el Nuevo Testamento solo se hallan pocas indicaciones. La tradición eclesial se basa especialmente en una expresión de Jesús en la cual se habla de un perdón posible en le mundo venidero (comp. Mt. 12:32; 5:26), y en un dicho del Apóstol Pablo, quien habla de la posibilidad de ser salvo "como por fuego" (1 Cor. 3:15).

"Pero el fundamento real de esta enseñanza es la practica de rezos y penitencias de la Iglesia". Ya al final del Antiguo Testamento se ha a la plegaria de los muertos el título de "pensamiento santo y piadoso" (comp. 2 Mac. 12:45). Ya desde el comienzo de la iglesia hallamos esta práctica, como también demuestran muchas inscripciones en las catacumbas.

Esta práctica de rezos no solo supone una vida luego de la muerte, sino también la posibilidad de una purificación luego de la muerte del hombre. Si bien el hombre luego de terminar su carrera de peregrino terrenal ya no puede participar activamente en su santificación, sí puede ser purificado y limpiado mediante el sufrimiento. Toda la comunidad de los santos sustituyéndolos le puede asistir por medio de rezos, limosnas, buenas obras, penitencia propia y la participación en la eucaristía. Esta convicción tuvo su expresión primera en la práctica de los rezos y las ofrendas por los difuntos; luego de a poco se declaró en la doctrina sobre el "estado intermedio", expresado en el término "purgatorio" que significa lugar o estado de significación.

El purgatorio es Dios mismo en Su poder santificador y purificador para el hombre. Todo lo que con la muerte aún era imperfecto es juzgado, limpiado sanado y completado. Con todo esto en mente podremos comprender las declaraciones doctrinales de la iglesia Católica sobre el purgatorio. Sintetizando dicen:

"Hay un lugar de purificación y las lamas que son detenidas allá, son asistidas por las plegarias de los creyentes, pero especialmente por el sacrificio del altar que es agradable a Dios".

Las iglesias orientales tienen la práctica del rezo y el sacrificio por los difuntos en común con la Iglesia Católica Romana. Entre ellos no tuvo lugar la iluminación doctrinal. Los reformadores han desechado por completo la enseñanza sobre el purgatorio, porque veían que la práctica de rezos y sacrificios por los difuntos contradice y menoscaba el poder salvador del sacrificio universal y exclusivo del sacrificio obrado por Cristo en la cruz.

El concilio de Florencia del 1439

Bajo la guía del papa Eugenio IV este concilio declaró su fe en el purgatorio en el "decreto para los griegos" con las siguientes palabras: "Si creyentes verdaderamente penitentes mueren en el amor de Dios luego de haber hecho penitencia suficiente para sus pecados u homicidios, luego de la muerte serán purificadas sus almas mediante castigos purificadores (poenis purgatoriis).

Y para evitar estos castigos pueden colaborar los rezos y sacrificios de los creyentes vivos, a saber: sacrificio de misas, rezos, limosnas y otras formas de buenas obras que los creyentes acostumbran a llevar a cabo a favor de los otros creyentes, según las prescripciones de la iglesia."

El concilio de Treto

En la 25ª. Y últimas sesión de este concilio en diciembre del 1563 se describió como dogma la enseñanza del purgatorio: Existe un purgatorio: "Existe un purgatorio, y las almas que se encuentran allá son aliviadas por los rezos de los fieles y especialmente mediante un sacrificio en el altar... Quien rechaza esta doctrina sea maldito.

Según Trento se trata claramente de una penitencia y paga de castigos temporales ("reatus poenae temporalis"),Se trata pues de castigos purificadores por los castigos temporales de pecado que aún restan.

Luego de la antigua teoría del fuego el dogma presenta al proceso purificador en el purgatorio más bien de forma espiritual en el sentido de una penitencia espiritual mediante la cual las almas son preparadas para la gloriosa contemplación de Dios (Comp. Diccionario Católico de teología, de Brink).

El Vaticano II

Bajo la dirección del Papa Pablo VI el Vaticano II se expresa sobriamente sobre el purgatorio, que es nombrado en la Constitución sobre la Iglesia (Lumen Gentiun 50). Aquí se enseña que: la     iglesia peregrina desde la época primitiva des cristianismo celebró con profunda devoción la memoria de los difuntos, y como es una idea sana y santa rezar por los muertos, para que éstos sean librados de sus pecados (2 Mac. 12:46) también ofreció por ellos sacrificios de redención.

Diccionario Católico de Teología

En las Sagradas Escrituras no hallamos datos claros sobre el purgatorio, mas a la luz de la tradición es bien posible trazar algunas líneas escritúrales.

Haciendo esto debemos prestar más atención a la idea bíblica de recompensa individual y justicia divina que a datos directos sobre el purgatorio.

(Mat. 5:21 . 22,26; 18:34; Luc. 12:59; 2 Mac. 12:43-45; I Cor. 3:10-15).

Es recién en la tradición donde la idea de un purgatorio toma forma más concreta.

En primer lugar se debe señalar los testimonios ya muy antiguos de las oraciones por los difuntos (catacumbas), aunque aquí muchas veces aún trasluce la idea antigua sobre el sheol y hades. Los cristianos oran por sus muertos, a pesar de ser muy vagas sus ideas sobre el destino de los difuntos entre la muerte y la resurrección. Fue sobre todo Tertuliano quien elaboró la idea de un sufrimiento reconciliador luego de la muerte. Sin embargo él aún enfatiza el esperar ansiosamente la parousia (esto es el retorno de Cristo y la presencia de El), pero nuestra oración de todos modos puede poner fin al sufrimiento de los muertos.

Cipriano claramente abandona la idea del hades, y se halla en sus enseñanzas así como también enseñaban Clemente de Alejandría y Orígenes. A base de estas enseñanzas se desarrolla en el 4to. Siglo una teoría que acepta unánimemente al purgatorio como un lugar de purificación de las almas, que pueden ser ayudadas por medio de las súplicas de los cristianos. Especialmente Gregorio el Grande fundo en este punto la tradición posterior.

Pedro Lombardo (1600) es quien por vez primera aplica la distinción entre "reatus culpae" y "reatus poenae" al purgatorio. Así se destina al purgatorio para aquellos que murieron con culpas que aún no habían sido pagadas totalmente. San Tomás también cree en la posibilidad de que los pecados diarios aún son perdonados en el purgatorio. Con ellos acepta para los difuntos una maduración interna de actos de amor, y es por lo tanto uno de los pocos de la época medieval. Que en su teología aún retienen algo de la idea Griega sobre el purgatorio.

La estructura actual del tratado del purgatorio proviene de Suarez (1617) y Bellarminus (primero profesor en el colegio Jesuita de Lovaina, Bélgica, y luego en Roma (1621): En su tiempo ellos aún no conocían las actas del concilio de Florencia y por lo tanto no se daban cuanta de que la iglesia no quiso tomar una decisión sobre la cuestión del purgatorio, ellos prefieren el término "satispassio" en lugar de "satisfactio", pero fuera de esto usan invariablemente todos los argumentos clásicos de la justicia divina y penitencia, así como las especulaciones sobre la distinción en el dolor: dolor de carencia (postergación del vicio beata) y el dolor del sentir (dolor de fuego).

Con todo, el clima general es más clemente en comparación con los siglos sobre el purgatorio (una especie de "infierno temporal") al margen de una corriente menos rigurosa, que enfatiza más el estado místico de amor purificador, viendo en el purgatorio mas bien un "pre-cielo".....

El decreto de Florencia aguadiza más la cuestión, diciendo que los castigos de purificación son necesarios por los castigos temporales que restan, mientras Trento, también se expresa claramente sobre el hecho que aún no hay "visio beata", y por lo tanto aún no hay cielo. En el dogma pues no se habla de fuego, ni de un lugar determinado, ni sobre dolores tremendos o "poenae sensus" en el sentido escolástico, y el dogma se tiende más a prestar el proceso purificador del purgatorio de modo espiritual en el sentido de una penitencia espiritual, por lo cual las almas maduran para poder gozar la bendita contemplación de Dios.....

El dogma del purgatorio siempre tendrá que verse en la perspectiva de nuestra de nuestra redención final y es en esencia un hecho de fe de carácter escatológico. En primer lugar tendrá que hablarse aquí del significado religioso de nuestra penitencia, que siempre debe tener el propósito de quitar el pecado.......

Esta amplia doctrinan de Roma sobre el purgatorio podemos resumir en los cuatro puntos siguientes:

  1. Existe un lugar o estado de purificación.
  2. Este estado de purificación finaliza con el Juicio Final y por lo tanto no es eterno.
  3. Podemos ayudar a las almas que se hallan en el estado de purificación por medio de nuestros rezos y misas que hacemos dedicar a ellos, y mediante las indulgencias que hagamos.
  4. La duración e intensidad del sufrimiento en el purgatorio también depende de lo que hagamos para los difuntos allá por medio d4 nuestros rezos, etc.

Ni una base bíblica

Si usted me preguntara: ¿Dónde encuentro todo esto en la Biblia? Yo tendría que decir que sinceramente no se halla ni un solo texto en la Biblia que aclara algo sobre un purgatorio. En la Biblia no hay prácticamente texto alguno que sugiera la existencia de un estado o lugar así. ¡En toda la Biblia no se habla de ello! Tertuliano (160-222) un doctor en teología, escribió alrededor de 211: Si buscas en las Escrituras una guía expresa para estas prácticas, no hallarás ninguna. Ellas (las enseñanzas del purgatorio) se basan en la tradición, son confirmadas por el uso y tenidas en cuenta por la fe.

N. van Doornik escribe en un libro "Het katholiek geloof in hedendaags gestalte" (la de católica en presentación actual). Debemos recordar que la purificación no se acepta porque hay textos (bíblicos) que indican esto, sino porque este punto de fe pertenece a la tradición.

Aquí quisiera llamar la atención al hecho que en casi todos los sistemas religiosos existe una enseñanza de purgatorio y rezos para los difuntos. El hombre siempre se ha hecho un imaginación e idea de un cierto estado intermedio, una especie de estación de paso, donde uno es purificado mediante intermedio y prepara do para la eternidad.

En Grecia era Platón quien hablaba de un juicio futuro creyendo en una salvación final. El enseñaba que entre los que serían juzgados una parte es mandada a un lugar subterráneo, donde primero deben sufrir sus castigos merecidos. Otros son elevados inmediatamente hacia una especie de lugar celestial, donde pueden pasar el tiempo de modo muy parecido a la vida que llevaban en su esta do humano.

En Roma era Virgilio quien en su conocida obra "La Envida" describió los martirios en un purgatorio subterráneo: Las almas que están encerradas en las tinieblas de su cárcel oscura, ya no contemplan los cielos; las almas no pueden desprenderse totalmente de las enfermedades y contaminaciones del cuerpo; pues debido a la larga unión con lo material se han arraigado malicias, dejando huellas indelebles; ahora sufren muchos castigos y en estos martirios pagan sus culpas antiguas. También en Egipto se había propagado ampliamente esta idea de purgatorio.

Vemos así que la doctrina del purgatorio es un origen un invento netamente pagano. Teólogos y líderes eclesiásticos por ello prefieren no profundizar sobre el dogma del purgatorio. Será porque no saben qué decir sobre el estado intermedio de purificación, cosa que deben aceptar por ser un punto de fe y que deben presentar como lago fidedigno.

Pero por la fe ya ahora compartimos completamente la obra salvadora de Cristo Jesús. ¡Inmensurables es la profundidad de la gracia de Dios para con el hombre perdido!

"Empero Dios, que es rico en misericordia por su mucho amor con que nos amó; aun estando nosotros muertos en pecado, nos dio vida juntamente con Cristo; por gracia sois salvos; Y justamente nos resucitó, y así mismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo. Jesús para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús." (Ef. 2:4-7)

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